lunes, 30 de junio de 2014

'Todos los buenos soldados', de David Torres: un sangriento thriller de legionarios en Sidi Ifni

 
    En esta casi obra maestra hay de todo. Carmen Sevilla bailando para los legionarios de la 'guerra escondida' del Sidi Ifni (1957-1958). El cómico Miguel Gila ("si ahora estoy aquí es porque a mí me fusilaron mal unos moros en la guerra civil") actuando también e investigando con el teniente Esnaola los atroces crímenes de legionarios curtidos, pendencieros y feroces. 

    Un mundo de perdedores. Al uso del genial David Torres, perfecto intérprete de la contradictoria alma humana.

    La Guerra del Ifni fue la última contienda colonial de España. Los soldados -muchos de ellos de reemplazo, que hacían la mili- combatieron en alpargatas, con fusiles antiguos y granadas que a veces no explotaban.

    Por ello, poco importa que se asesine de un tiro en la pierna y otro en la cabeza al sargento Armendáriz quien previamente había amenazado con descerrajar un tiro en la cabeza al teniente Ripoll, homosexual y cobarde.

    Más tarde cae el brigada Piñero, después el pederasta exmarine Gordon y su mancebo marroquí. Entre medias surge el duro comandante Ochoa y su hija, la loca Adela, de la que se enamora el alférez Díaz de Castro, un auténtico descendiente de militares de la Reconquista.

    También surgirán el despiadado y oscuro sargento Fox, las putas del Ifni, los antros de menores, el tráfico de drogas, las peleas fruto del alcohol adulterado... Y solo sobrevivirá el humor negro de Gila y el 'mirar a otro' lado de Esnaola.

Gila y un escabroso enigma


    Un pedazo de novela. Cargada de todos los elementos que hacen vibrar al lector. Suspense, crímenes, amor, peleas, acción, cinismo, terror, espionaje, guerra, personajes duros, de vuelta de todo y mentirosos... Un trágico enigma que lo envuelve todo...

    Y un Gila que parece de carne y hueso, perdido y fuera de lugar, pero que con su inigualable lucidez ácida y mordaz es el único que es verdadero, que no miente y que cree en el ser humano. ¿O no?