lunes, 1 de diciembre de 2014

'El gran frío', de Rosa Ribas y Sabine Hofmann: novelón que flaquea al final (pero poco)

 
    Ana Martí es un enorme hallazgo para la novela negra. La época, 1956, duros años de posguerra, aún en racionamiento, es la perfecta para la narrativa asfixiante y casi perfecta de Rosa Ribas y Sabine Hofmann (autoras de la genial 'Don de lenguas', primera de la serie). Y, en este caso, 'El gran frío', el escenario es terrible: un pueblo perdido en el inmisericorde Maestrazgo turolense.

    La periodista barcelonesa, hija de un gran informador represaliado por rojo, debe investigar para la mítica revista 'El Caso', la aparición de una joven con estigmas en manos y pies.


    Todo ello en un ambiente agobiante, en un pueblo extraño, con gentes hoscas, un sargento de la guardia civil peculiar, un terrateniente entre intelectual y sádico, un cura con pretensiones de megaestrella, un alcalde con ínfulas y un maestro entre rebelde y cobarde.

    A esto se suman las extrañas muertes de adolescentes en medio de una tormenta que deja aislado el poblado, donde solo la mística, el miedo, los maquis y el fervor religioso parecen sobrevivir.

    Absorbente hasta casi el final, la novela, el novelón, flaquea en el desenlace que, sin embargo, es original y poco rebuscado. Tal vez me esperaba más, pero ante tanta grandeza narrativa y dificultad para, a estas alturas, sorprenderme, el libro es de sobresaliente.