martes, 16 de febrero de 2016

'El ángulo muerto', de Aro Sáinz de la Maza: una delicia para los amantes del esquizofrénico inspector Milo Malart


    "Los ojos de la jueza permanecieron fijos, sin parpadear.
    
    -Todo esto es lo que te estás perdiendo -dijo Milo-, lo que he visto. Y te lo aseguro, esto no es Blade Runner, es la realidad, algo mucho más siniestro. -Cogió su cazadora-. Ahora me voy, ya te tocará a ti sermonearme otro día. Estoy agotado.

    -Milo -dijo ella, la voz ahogada-. Por favor, no te vayas.

    -Lo siento, jueza. No soporto la deslealtad".

 
  'El ángulo muerto', de Aro Sáinz de la Maza, es una auténtica y profunda novela negra, densa y desasosegante, hecha para los amantes del inspector de tendencias paranoides y esquizofrénicas llamado Milo Malart.

    Era mucho pedir o esperar que alcanzara a esa cumbre que es 'El asesino de la Pedrera'. Pero nos encontramos con un pedazo de libro, excelentemente escrito, impactante, con personajes potentes y una trama bien trazada.

    El ángulo muerto es ese que eres incapaz de controlar y por el que te llegan todas las ostias.
    
    Este caso, un doble asesinato, llevará a Malart y a su compañera de los 'mossos d'esquadra', la subinspectora Rebeca Mercader a moverse por las altas esferas barcelonesas y por las alcantarillas de la ciudad condal, siempre con el aliento de la superioridad en el cogote del poco previsible y heterodoxo inspector de la Barceloneta.

    Guiños a Podemos, a la corrupción, a la librería 'Negra y criminal' (que recientemente se vio obligada a echar el cierre), al pastor mallorquín (un 'ca de bestiar', con  la misma personalidad que Malart, de carácter independiente, cariñoso y fiel) y al 'inexistente' CNI catalán dan el colorido a esta feroz historia sobre la vida y la muerte, los deseos, la violencia, la prostitución, los seres humanos desgraciadísimos y, en definitiva, la vida.

    Entre las curiosidades, también aparece un homenaje a Casa Leo, el santuario de Bambino, en la Barceloneta, y aunque el autor ironiza sobre un ambiente que no destaca por su talento higiénico, se nota su enamoramiento por esta tasca del carrer Sant Carles.


    "-Me he informado en Google -dijo Rebeca-. Es reservado, su sentimentalismo llega a límites insospechados, y es de una gran nobleza, fiel a su amo, y valiente y pendenciero.

    -Inspector Malart, es tu alma gemela -dijo Crespo".

    Aunque se llama Gros, rebautiza al 'ca de bestiar', huérfano tras el asesinato de su amo, el viejo Costa, un empresario sin escrúpulos, como Tío.