viernes, 30 de septiembre de 2016

'Talco y bronce', de Montero Glez: sabor a barrio, drogas, atracos, venganza y quinquis

    
    Esta es una novela que hiede a barrio. En la que suenan 'Los Chorbos', 'El Luis' y 'Los Chichos'. Se habla en bronce, se maneja el colorao, se la pegan a los julais, vuela el talco y se va uno de naja. 'Vuelvo a casa', de Los Chorbos, sería la canción de esta road movie quinqui y hachisera.

    Esta es una novela negra que bien podría ser una película de cine quinqui. Es algo así como mezclar Colegas, Deprisa, deprisa y Navajeros en 300 páginas de chorizos, jaco y policías corruptos.


    Transcurre entre 1980 y 1983, va repleta de violencia, atracos y heroína mientras Manzanita, desde el radiocasette, se hace con el control del 1430 y del Simca 1000 que viajan de Madrid a Portugalete para dar un buen palo a los joyeros julandrones.

    La historia épica -un poco menos, no llega vida de forajido en el Rancho del Cordobés- de la Malata, el Chuqueli, el Largui, el Nani, el Sardi y el Pitarra se gana al lector, mientras odiamos al poli violador de bigotón y al Perkins, exjefe de seguridad de Franco, violento, corrupto e h... d... p...

    "La única manera de separar a dos hombres, según la ley del bronce, es por una navaja o una mujer".

    Trepidante. Dura. Fría. Con pocas concesiones. real como la vida misma. Llena de muerte y sufrimiento. No hay héroes pero tampoco hay anti-héroes. La maldad es algo que no tiene cabida pese a que hay mucho dolor, traición, drogas y tiros.