martes, 7 de marzo de 2017

'El signo del dragón', de Ricardo Alía: se lee del tirón

    
    'El signo del dragón', de Ricardo Alía, es una grata sorpresa. la novela, absorbente desde la primera hasta la última página, se lee del tirón. En 72 horas la devoré de cabo a rabo.

    "Max, tras alejar la escopeta del atracador con un puntapié, contempló amargamente la escena final: a sus pies, el enano intentaba contener con las manos la sangre que manaba de su estómago; el otro se retorcía de dolor en el suelo sin cesar de proferir insultos ininteligibles; Ji permanecía bajo el  mostrador, en silencio y respirando trabajosamente, y no se le veía a pesar de su corpulencia; la mujer y el niño lloraban acurrucados junto al estante de de los frutos secos; la anciana seguía en  pie. Se oyó un chirriante ruido de neumáticos en la lejanía.

     -Es lo mejor que me ha sucedido en al vida -dijo la anciana con la cara salpicada de sangre".

    Mezcla de novela negra y thriller, el personaje principal es un descubrimiento. El ex inspector de la Policía Nacional Max Medina reciclado como investigador peculiar y de prestigio en la Ertzaintza, debe hacer frente a extraños y brutales asesinatos en la facultad de Químicas de San Sebastián. Actúa y va armado como Harry Callahan.

    "-¿Cómo qué...? -balbuceó el viejo. Alzó la vista y lo observó con atención, con el libro todavía en la mano y un dedo en la página que estaba leyendo-. Usted no es un universitario.

     -Ni lo soy ni lo fui.

    -Entonces aplicó el célebre dicho de que la universidad pule las piedras pero opaca los diamantes.

     -Bonito proverbio -convino el inspector."


    El extravagante inspector de Homicidios forma parte de un grupo heterogéneo de investigador compuesto por el irlandés-vasco policía científico, Joshua O'Neill; la hija de potentados y lesbiana oficial Erika López; y el agente con aspecto de levantador de peso 'harrijasotzaile' Asier Agirre.

    "El que sabe vivir no se preocupa de dragones cuando camina por la montaña- Ni lleva armas ni escudo cuando se adentra en territorio enemigo. El dragón no halla donde abrasarlo ni las armas donde aplicar su filo. ¿Por qué?"·


    Todos ellos deberán hacer frente a un antiguo proyecto químico de 1976 que jugaba con el ADN de las personas y que acabó en tragedia. Tras despertar en la actualidad, los experimentos con el genoma humano han dado pie a un depredador sin conciencia que se cobra sus víctimas entre los estudiantes de Donostia.

    "Su mente no paraba de funcionar, buscando una respuesta a toda aquella barbarie. Recordó las palabras de un filósofo: 'He luchado para no reírme de las acciones humanas, para no llorarlas, ni odiarlas, sino para comprenderlas.'"

    En el libro hay varias escenas de lo mejor de la novela negra actual. Una de ellas es cuando el inspector malencarado y políticamente incorrecto interviene en un atraco en la tienda de frutos secos de su barrio. Otra es el cara a cara entre Medina y un  policía municipal obsesionado por multar su Mustang GT Cobra Jet de 1968, blanco con rayas negras, incautado a un capo ruso.