martes, 12 de septiembre de 2017

'Miserere', de Manuel Sosa: la alta literatura aplicada a una novela negra, negrísima

    "-Disculpe, Juan -aún de pie, cruza ambas piernas-, pero los sentimientos son complicados. Las personas lo somos también.

       -Ciertamente -aparta la biblia cerrada-, pero son sencillos nuestros valores".

    Esta novela, entre negra, negrísima, policíaca y thriller, es diferente. Por su elevada carga literaria. Es intensa. Con una prosa profunda y trabajada. Habla, de otra manera, alejada de los estereotipos, de los bajos fondos, de las miserias humanas, del dolor y de la codicia.

    "La mujer es un constructo para el placer y la compañía. Toda ella néctar para quedar satisfecho. Son receptáculos de los que beber o libar. Preciosos receptáculos. Si te muestras fuerte y eres estricto, acaban por dejar que sorbas ese néctar".

    Los personajes están destrozados y destruyen todo lo que les roza. Y cuando no lo están, maquinan para dañar a los demás, con la única excusa de la búsqueda del poder.

    El juez de guardia Horacio Misericordia es un ser humano alcohólico y destrozado. Procedente de un medio rural de la Castilla más profunda, sufrió de pequeño en casa a un padre borracho y pendenciero, y ahora debe lidiar con su peor enemigo: él mismo. 

    "Con la velocidad solo permanecen la viveza y la hombría porque conducir me desprende del orgullo y el deseo".


    En la búsqueda de su hija, abandonada y perdida, se dejará media vida, mientras un grupo de agentes vendidos intenta quitarlo de en medio y un político aún más corrupto lo quiere inhabilitar.

    "Él, un estudiante de Filosofía perdido en Madrid con una beca Erasmus, hablaba el español de los bares y el francés de Sastre, el castellano de las litronas y el galo de Stéphane Hessel, las palabras de José Luis Sampedro y las blasfemias de las banlieues. 

    Un enamorado de Marx, la conversación callejera, las asambleas y el hachís que veía en Lucía un objeto de cariño y compasión, una Sócrates callada con quien entablar diálogos y arengas reivindicativas sin contestación".


    Porque hay lazos que unen a los tres. Juez, político (Juan Albay de la Rocha) e hija, Lucía. Unas relaciones rocambolescas y rodeadas de podredumbre. 

Infierno sobre la tierra

    El libro no es de lectura fácil por una manera de narrar muy inteligente, que quiere que el lector ponga de su parte; una prosa de elevada carga literaria. Como un poema oscuro y denso sobre los peores instintos de la humanidad. Un libro muy intenso. Excesivamente intenso.

    "Si algo somos es nuestra infancia. A veces enumero los errores heredados de ella. Otras veces los daños. Las injurias. La niñez debería ser terreno para la nostalgia o la felicidad, tal y como cuentan el cine y las novelas".

   Llega a lo más hondo del alma y no deja indiferente. Los perdedores y antihéroes casi dan lástima si no fuera por la maldad y egoísmo que destilan.