miércoles, 15 de julio de 2015

'Las manos del pianista', de Eugenio Fuentes: maravillosa

    "La vida es ir perdiendo partes del cuerpo que el tiempo pudre y capacidades que intentamos suplir con recursos vicarios: un teclado en una orquesta de verbenas cuando no se puede dominar un piano; sexo cuando nos han mutilado para el amor; consumo frenético cuando ya no hay ninguna esperanza de felicidad; diversión y cultura cuando ya no se puede creer en Dios".

    Lo piensa el pianista de dedos como garfios, asesino de animales por encargo de sus dueños, y sospechoso de matar al principal accionista de una empresa dedicada a urbanizar la costa.

    Eugenio Fuentes, autor de 'Las manos del pianista', crea una novela negra que se disfruta en cada una de sus páginas, un mundo particular ambientado en la inexistente Breda, en 2003, en plenos años locos del urbanismo desaforado, una ciudad que recuerda Vilareal, Benidorm o Cambrils.

    Esta es una novela negra con gran carga filosófica y psicológica de sus personajes, estereotipos de la España del cemento, cargados de taras, obsesiones e instintos animales, siempre escondidos tras una fachada de supuesta honorabilidad.

    El protagonista, además del teniente de la Guardia Civil, la heredera de Construcciones Paraíso y los sencillos campesinos, convertidos en albañiles a la fuerza, es el detective Ricardo Cupido, un ser extraño, profundo, callado, desencantado, excéptico y muy intuitivo.

    "Siempre era igual: una ciudad provinciana en la que todos conocían a todos y nadie sabía nada de nadie". Así es Breda, donde ocurren varias muertes extrañas y sin posibles pistas.

    
    "Martín Ordiales era uno de esos hombres que nadie quisiera tener por enemigo. Enérgico, fuerte, hábil, exigente, orgulloso y duro de trato. El tipo de hombre que un país enviaría como embajador a otro país con el que de un momento a otro puede entrar en guerra". Así es la primera víctima, un agricultor convertido en magnate de la construcción.

    "Ricardo Cupido no podía decir que había tenido buenos maestros, nadie le había enseñado lo más importante de lo que sabía y, por supuesto, nadie le había enseñado ser detective privado.

    Ese era un oficio que no se aprendía en los mejores libros ni con los mejores maestros, al que se llegaba solo después de haber fracasado en la búsqueda de cualquier otro. Un oficio apto para una criatura menos frágil y menos pesimista y más resistente que el hombre y carente de su capacidad de compasión. De modo que si ahora era algo, se lo debía a sus padres".  

    Muy buena, muy recomendable, llena de sabiduría, de personajes atractivos, de muchos perdedores, y una trama negra perfectamente trabajada. Da gusto leerla.