lunes, 22 de febrero de 2016

'Galveston', de Nic Pizzolatto: genuino sabor a novela negra 'made in' Hammet y Chandler

    '¿Cuántas veces he estado a cubierto de la lluvia bajo techo ajeno, pensando en mi hogar?' William Faulkner.

    'Galveston', de Nic Pizzolatto, es una novela negra genuina, con sabor a los clásicos de Hammet, Chandler y Macdonald.

    Va de perdedores, de sentimentales, de prostitutas y asesinos. Una huida en busca de una salvación que jamás será tal.

    "Me he dado cuenta de que toda la gente débil comparte una obsesión básica: una fijación por la idea de la complacencia. Vayas donde vayas, los hombres y las mujeres son como cuervos atraídos por los objetos resplandencientes. Para algunos, los objetos resplandencientes codiciados son otras personas, y antes que caer en esto más te valdría hacerte adicto a las drogas".

    Habla de mafiosos sin entrañas y de asesinos con sentimientos. De traiciones y de valentía, de dolor y amor. Es una historia trágica con un inicio fulgurante, un desarrollo en ocasiones tibios y con un final de fuegos artificiales.

    "Cuando tenía diecisiete años y trabajaba como ayudante de barman en el garito de Robicheaux, una vez un viejo minúsculo se pasó toda la noche bebiendo solo, sin hablar con nadie, y alrededor de la medianoche vi cómo se caía de su taburete. Se abrió la cabeza y murió allí mismo, a los pies de todo el mundo".

    El desenlace de la novela destroza las entrañas. Hay imágenes que siempre quedarán en la retina del enamorado de la novela negra cinco estrellas.

    El paisaje de Luisiana y la cercana Galveston, ya en Texas, es como el de los protagonistas y sus secundarios: árido, rocoso, interminable, insensible y desarraigado.


    "Recuerdo que un colega mío me dijo en una ocasión que cada mujer a la que amabas era, al mismo tiempo, la madre y la hermana que no tenías, y que lo que realmente perseguías siempre era tu parte femenina, tu animal femenino o algo por el estilo. Aquel tío podía decir cosas como ésa porque era un yonqui y leía libros".
    
    Si la vida del sicario Roy Cady es dolorosa, no lo es menos la de la jovencísima meretriz Rocky, o la del yonqui Tray. Todo ello bajo el influjo de la música de Hank Williams.

    En toda esta 'road movie' por el profundo sur de norteamérica se vislumbra el toque desolador de Pizzolatto, el genio creador de esa obra maestra que es 'True detective'.