domingo, 6 de septiembre de 2015

'Matar a Pablo Escobar', de Mark Bowden: sangrienta cacería del narcoterrorista que asesinó a 10.000 personas

 
      "A la muerte de su hijo, Hermilda Escobar predijo una hecatombe. 'Que Dios se apiade de nosotros -dijo-, porque van a ocurrir cosas terribles con la guerrilla y con el que traicionó a mi hijo. Lo que va a ocurrir... y no es que yo quiera que suceda... Yo los perdono. Perdono de todo corazón a los que me han hecho tanto daño al quitarme a mi hijo. Los perdono'.

Un periodista preguntó si habría represalias en respuesta a la muerte de Pablo.

    'Las habrá -aseguró-. Pero le pido a Dios que los ayude (a los asesinos de Pablo) y que no tengan que pasar por todo lo que pasó mi pobre hijo'"


    
    Un pobre hijo que mandó asesinar a más de 10.000 personas. Un multimillonario que en los años 80 creó un estado criminal tan poderoso como el propio Estado colombiano. 

    'El Patrón' o 'El Doctor', como se le conocía popularmente, mandó acribillar a balazos al ministro de Justicia de Colombia, Rodrigo Lara Bonilla (atentado de 1984 que sería el inicio de su fin), al candidato presidencial Luis Carlos Galán (1989) y al editor de 'El Espectador', Guillermo Cano (1986), y ordenó poner una bomba en un vuelo de Avianca (1989), provocando 110 muertos.
    
    'Matar a Pablo Escobar', de Mark Bowdenno es novela negra ficticia; es novela negra, más bien de terror, de un miedo totalmente real, el que más pesadillas provoca. 
    
    El mal aparece en su plenitud más cruel, absoluta y despiadada. Lo que narra el libro supera cualquier obra de los maestros de la literatura criminal. 
    
    Se te ponen los pelos de punta leyendo sobre lo que fue capaz Escobar, un narcoterrorista que entre 1989 y 1993 tuvo Colombia a sus pies. Uno de los periódicos de mayor prestigio y tirada de Estados Unidos, como es 'Los Angeles Times' compara esta obra literaria con una tragedia de Shakespeare.


¿Robin Hood o diablo?   

    Un ser despiadado, que jamás perdía la calma y siempre estaba de buen humor, a quienes algunos de sus vecinos 'paisas' de Medellín consideraban todo un Robin Hood (en esa época la elite potentada, un 3% de la población colombiana, poseía el 97% de las tierras y riquezas del país). 

    Se gastó miles de millones de pesos en mejorar las infraestructuras de su ciudad natal, donó dinero a la iglesia y aumentó los salarios a sus empleados. Fundó Medellín sin Tugurios para conseguir viviendas dignas para los pobres.

Escalada violenta sin fin

    En 1971 se ganó al fervor de los campesinos al asesinar al industrial de Evingado Diego Echavarría, un explotador que hacía sufrir a sus trabajadores pobres. Fue secuestrado, torturado, estrangulado y abandonado en un agujero cerca de donde nació Escobar.

    "Sorprendido un trabajador al intentar robar algo de su mansión de la Hacienda Nápoles, hizo que lo ataran de manos y pies y, en presencia de los invitados horrorizados, echó al hombre a la piscina de un puntapié y se quedó observando cómo se ahogaba. 'Eso es lo que les pasa a los que roban a Pablo Escobar'".
    
    Un personaje al que gustaba posar imitando a Pancho Villa y a Al Capone. Una persona fría y despreciable que, sin embargo, era el mejor padre. Un friki que quiso pasar a la historia como el Che Guevara con su boina estrellada. En este caso, con un gorro siberiano. 

    También poseía en la Hacienda Nápoles el vehículo acribillado a balas de 'Bonnie and Clyde'. "Pablo abrazaba la leyenda paisa de que Villa en realidad había sido colombiano", escribe Bowden.

    El libro es terrorífico. Explora en una realidad más dura que cualquier película o serie sobre la mafia o la brutalidad humana. Jueces, militares, policías, ministros, viceministros, periodistas, ciudadanos... fueron masacrados durante la guerra de Escobar contra el Estado colombiano, sobre todo al final del gobierno de Virgilio Barco y durante el de César Gaviria.

Plata o plomo

    Ese era el lema de Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín, donde compartía actos criminales con sus socios Carlos Lehder (a quien vendió a EEUU y por ello Lehder se vengaría de él ayudando a cazar al 'patró'), Gonzalo Rodríguez Gacha y los hermanos Ochoa. Si no querías recibir sus sobornos, recibías sus balas. Así era el gobierno de terror que durante dos décadas estableció el 'capo' en su país. Un sistema tan poderoso como el oficialista sustentado en dos premisas: dinero y terror.

    Jorge Ochoa, en un primer contacto con el 'Doctor', lo calificó de "hombre regordete, bajo, de cabello rizado, que se paseaba por el piso como una pocilga, ufano, grotescamente, como el típico maleante callejero".

    Un narco capaz de mandar 10.000 kilos de cocaína en un solo avión (Boing 727) con destino a EE.UU., de doblar -gracias a las ganancias del narcotráfico- los depósitos de los bancos colombianos entre 1976 y 1980. 

    En 1983 poseía más de 2.000 millones de dólares (lo mismo que ganaba el Cartel de Medellín anualmente), además de aviones, barcos y propiedades inmobiliarias en el extranjero, como sus mansiones en Florida. 

    Pagaba 2.000 euros por cada asesinato y se comprometía a sustentar a la familia del sicario si este era muerto en la misión criminal o si era encarcelado.

    El coronel Hugo Martínez, al mando de las fuerzas de elite de la Policía Nacional de Colombia, llamadas Bloque de Búsqueda, fue el encargado de dar caza al criminal Escobar, ayudado por un sistema de nueva tecnología de escuchas dirigido por su hijo.   

    Sin embargo, fue pura casualidad dar con la madriguera del narco, refugiado en el barrio de Los Olivos de Medellín. Las escuchas llevaron al hijo del coronel hasta una calle en la que, de casualidad, vio a Escobar asomándose a una ventana. A partir de ahí, las fuerzas de elite colombianas mataron de tres disparos al capo cuando escapaba por un tejado. 


    Famosa es la foto del mayor Aguilar mostrando como un trofeo de caza a Pablo Escobar ya fallecido. '¡Viva Colombia!', gritó el número dos del coronel Martínez (quien años antes había rechazado seis millones de dólares por cesar la búsqueda) cuando lo abatió. Lo celebraron bebiendo Johnny Walker etiqueta negra en la propia azotea. Finalizaban 16 meses de persecución y cientos de muertos.


    "En ocasiones el destino de una nación depende de la integridad de un solo hombre". Fue el caso de Martínez, ayudado, eso sí, por la DEA y Centra Spike, una sección secreta de los servicios de inteligencia estadounidenses que localizaban individuos mediante escuchas a través de vuelos espía. 

    "Sé que es impropio celebrar la muerte de un ser humano, pero el despliegue que se llevó a cabo para cazar a Pablo Escobar fue un logro increíble -comentó el embajador Busby-. Cuando pienso en todo el personal y las fuerzas que participaron, todo aquel poderío dirigido a encontrar a un solo hombre... lo único que puedo decirle es que no hubiera querido estar en el lugar de Escobar por nada del mundo".


    El libro 'Matar a Pablo Escobar' es una narración poderosa, precisa y absorbente, un descenso a los infiernos, un relato de masacres y odio, de excesos y de inhumanidad, provocado por uno de los mayores criminales de la historia. Escobar fue la personificación del mal más absoluto y total.


Serie 'Narcos'


    La serie estadounidense 'Narcos', criticada por el hijo de Escobar, Sebastián Marroquín, es realmente un muy buen producto televisivo-cinematográfico. Pero tal vez muestre a un personaje mejor de lo que era. No refleja suficientemente la brutalidad que debieron ser aquellos años. 

    Para su mujer, padres e hijos, Pablo Escobar fue perfecto, pero para sus miles de víctimas fue el peor de los azotes.