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viernes, 17 de julio de 2015

Decepciones de novela negra: 'En el cielo no hay cerveza', 'Perfidia' y 'Busca mi rostro'

    Esta semana lo he intentado con tres títulos de novela negra y policíaca que me parecían interesantes, y me he llevado una gran decepción. Se trata de:


    'En el cielo no hay cerveza', de mi admiradísimo Carlos Salem. Si disfruté con la excelente y genial 'Muerto el perro', me he aburrido y hasta enfadado con su última obra, 'En el cielo no hay cerveza'. Creo que se ha pasado de frenada, ha llevado el surrealismo esperpéntico más allá, en esa zona en la que solo es algo ridículo. Lo he visto exagerado y demasiado histriónico. En definitiva, que me he aburrido y lo he dejado cuando 'Diosito' se libra de ser apaleado en un bar. 



    'Perfidia', de James Ellroy. Es otro de mis escritores más admirados. Ha escrito obras maestras como 'La dalia negra' y 'Mis rincones oscuros'. En 'Perfidia', aunque engancha desde el principio, después pierde el interés: demasiados personajes -mucha veces poco creíbles, de exagerados que se dibujan-, muchos diálogos incomprensibles, y una acción que parece no moverse de la misma baldosa. Me ha cansado. Demasiado barroco.



    'Busca mi rostro', de Ignacio del Valle. Me parece uno de los mejores escritores en castellano de la actualidad. Para mí, 'El tiempo de los emperadores extraños' (rebautizada como 'Silencio en la nieve') y 'Los demonios de Berlín' son obras maestras. Del Valle, sin embargo, me ha decepcionado con 'Busca mi rostro' porque carece de fuerza, no atrapa al lector desde el principio y paredce que nunca va a pasar nada. Mucha narración para tan poca chicha. Además, la historia es como muy artificial, cogida con pinzas y escasamente original. Pasaba página tras página, y el cansancio me podía. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Cinco novelas negras y policiacas 'gran caviar' para regalar

    1- 'Muerto el perro' de Carlos Salem. Carlos Salem es el Eduardo Mendoza del siglo XXI, con permiso del genio creador de 'El laberinto de las aceitunas' y 'Sin noticias del Gurb'. Salem es como Mendoza, pero a lo bestia. El escritor argentino, afincado en España, une un humor corrosivo a situaciones de auténtica y clásica novela negra. Es un genio de la escritura, del entretenimiento y de las historias de policías, mafiosos y asesinatos..




     2- 'El cuaderno de Nicolas Kleen' de Jaume Benavente. Sigue la línea narrativa, pausada, tranquila y casi lenta de Jaume Benavente. Eso es en el inicio de sus libros de novela negra porque, a medida que el lector penetra en su rico e intrincado mundo, la historia empieza a oscurecerse, a trufarse de muertos, de la suciedad de los bajos fondos y de la negritud más absoluta.

 Sus libros van de menos a más. O, mejor dicho, de una parsimonia y paz cuotidiana, casi gris, a una acción frenética, a la investigación de secretos atroces y a los asesinatos más crueles. Los finales de sus obras jamás decepcionan.Sus novelas negras no defraudan y dejan un más que placentero sabor de boca.



    3- 'El gran frío' de Rosa Ribas y Sabine Hofmann. Ana Martí es un enorme hallazgo para la novela negra. La época, 1956, duros años de posguerra, aún en racionamiento, es la perfecta para la narrativa asfixiante y casi perfecta de Rosa Ribas y Sabine Hofmann (autoras de la genial 'Don de lenguas', primera de la serie). Y, en este caso, 'El gran frío', el escenario es terrible: un pueblo perdido en el inmisericorde Maestrazgo turolense.




    4- 'Los hombres mojados no temen a la lluvia' de Juan Madrid. Maestro, maestro y maestro. Chapó, chapó, chapó. Como siempreJuan Madrid es el más negro entre los negros, con el permiso deAndreu Martín y Francisco González Ledesma 

    Hay que quitarse el sombrero, el abrigo, los pantalones... y el resto. 'Los hombres mojados no temen la lluvia' es puro caviar en forma de novela negra. Trama perfecta, historia oscura e intensa, personajes desequilibrantes, espacios acordes con la negritud del alma de Juan Madrid, representado en el libro por su alter ego: Juan Delforo.   


    5- 'Trece horas' de Deon Meyer. Es un gustazo. Es de esos libros que se devoran en días. Que enganchan y no te dejan. Tienes que estar a diario imbuido en su acción: trepidante y sangrienta, acorde a la brutalidad de la vida en Sudáfrica.

    Sorprendido e impactado por'Sombras del pasado' donde aparece por primera vez -en mi vida- el inspector Benny Griessel, exalcohólico, torturado por su vida entre botellas, con unos hijos rebeldes y una mujer infiel. Uno de los antihéroes tan alabados en la novela negra actual y en la clásica..

domingo, 20 de julio de 2014

'Muerto el perro', de Carlos Salem: un Eduardo Mendoza con más mala baba

        Carlos Salem es el Eduardo Mendoza del siglo XXI, con permiso del genio creador de 'El laberinto de las aceitunas' y 'Sin noticias del Gurb'. Salem es como Mendoza, pero a lo bestia. El escritor argentino, afincado en España, une un humor corrosivo a situaciones de auténtica y clásica novela negra. Es un genio de la escritura, del entretenimiento y de las historias de policías, mafiosos y asesinatos.

    En 'Muerto el perro' (el título hace referencia a la muerte truculenta que desencadena la venganza más salvaje) una ama de casa, religiosa, pizpireta, atribulada y cornuda cambia su apariencia de poca cosa y se convierte en un verdadero ángel de la muerte.


     Siempre con escenas de humor-crimen, sarcasmo-asesinato, causticidad-muerte, Carlos Salem, padre de las geniales 'Pero sigo siendo el rey(desternillante route-thriller-movie con un crápula Juan Carlos de Borbón como protagonista), 'Matar y guardar la ropa' y 'Camino de ida' conforma una novela negra imprescindible para los amantes del género.

    Es una gozada de libro. Divierte. Engancha. Te hace disfrutar. Y te enamoras del realismo mágico del que también hace gala en muchos pasajes de los más absurdos, pero repletos de fuerza y capacidad literaria. Salve, Salem, gigante de lo esperpéntico-policíaco.

lunes, 17 de junio de 2013

Carlos Salem: humor esperpéntico al servicio del investigador aventurero hermanado con Juan Carlos I

    Camino de ida (2007), Matar y guardar la ropa (2008) y Pero sigo siendo el rey (2009) son las novelas de Carlos Salem que abordé, una tras otra, en un mes de frenética lectura, obteniéndolas de las bibliotecas públicas madrileñas, uno de los servicios que, por suerte, mejor funcionan en la región. 

Son un gustazo porque, a la intriga y conjura que hay que destapar, se añade un humor desbordado, esperpéntico y surrealista que liga muy bien con la masa auténtica de la serie negra más clásica. 

    Es como si un hermano gemelo del 'loco sin nombre y adicto a la Pepsi-Cola' de Eduardo Mendoza se hubiera puesto en marcha, más activo y soez, a la búsqueda de malos malvadísimos, escondidos bajo apariencias extravagantes y lunáticas.

El protagonista -en un caso, un anodino funcionario municipal; en el segundo, un comercial gris émulo del agente 007; y en el otro, un inspector ácido y cascarrabias- no alcanza el límite de alienación del la criatura mendoziana de 'El laberinto de las aceitunas' -son más listos y eficientes-, aunque, en un alarde de funambulismo literario, en 'Pero sigo siendo el Rey', se enreda en la leyenda urbana del motero Rey Juan Carlos I para vivir con el monarca una aventura desternillante, alocada y con mucho jugo.