"-Uno tiene sus principios, Sheriff. Ni putas ni drogas ni guarrerías. Este es un negocio decente.
(...)
El Cosa Nostra era un pub dmininuto y sucio situado en la parte trasera del puente del metro de Aluche, lindando con el barrio de Campamento".
'Plato de mal gusto', de Álvaro Aguilera Fauró, es una novela que se disfruta, es bastante negra y supura ambiente castizo.
La historia de Palacios, un sicario de Las Águilas que quiere dejarlo, pero no puede, centra la narración. Hay salvajismo y crímenes horrendos. Y hay humor. Al estilo del más corrosivo y surrealista Eduardo Mendoza.
"Aquella tipa los llevaba bien puestos. Tenía miedo, pero eso es algo normal cuando alguien te apunta con un arma, te da un par de golpes y te ata a una silla amenazándote de muerte. palacios pensó que era una chica fuerte y que tal vez se trataba de una de esas pocas personas que podía amar a alguien y serle leal sin obtener nada a cambio".
Tiene puntos muy buenos como las secundarias azafatas del Bingo de Usera; Marcial, el panzudo dueño de un infecto bar en un callejón entre Rafael Final y General Fanjul; o la cacatúa del mejor amigo del protagonista.
"-Mucha gente cree que todos los mendigos son esquizofrénicos, yonquis o borrachos... y es cierto que muchos lo son. Otros son verdaderos cerebritos que se han dado cuanta de que la vida es una mierda y pasan de pelearse con el mundo. Y otros, como yo, eran buenos ciudadanos, contribuyentes ejemplares, que lo perdieron todo por un motivo u otro, que tuvieron mala suerte y se quedaron sin fuerza para volver a tirar del carro".
La novela es negra, negrísima, y se disfruta al máximo en el periplo del asesino a sueldo a la búsqueda de un dinero para abandonar este mundo. La aparición del vagabundo Rufi, amante del Vega Sicilia, aportará su gracia a este libro que hará las delicias de los amantes de lo policíaco.
Mis autores preferidos de novela negra y policiaca, acompañados de sus criaturas, los detectives e investigadores más escépticos y duros a la vez tiernos.
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lunes, 28 de mayo de 2018
viernes, 20 de abril de 2018
'Ala de mosca', de Aníbal Malvar: negra, negrísima, sin concesiones
"El Viejo decía siempre que las habitaciones hablan. Sobre todo las de los muertos, porque la mitad de los asesinados pactan su propio matarile en el lecho:
-No te líes. La gente no mata por dinero ni por poder. Son excusas. detrás de cada muerto siempre hay un coño o un culo. Por eso casi siempre los asesinos tienen polla."
'Ala de mosca' es una novela negra, negrísima. En la línea de las más clásicas de Juan Madrid. Está hecha sin concesiones y su protagonista es un perdedor. El final no es apto para amigos de Walt Disney.
"-No me sobreestimes -respondió-. Siempre sobreestimas a la gente, y por eso fracasas. Sobreestimar al enemigo es más peligroso incluso que subestimarlo -se metió un trago directamente de la botella-. Bien, con los amigos pasa lo mismo".
Mezcla a los narcos gallegos, con ricos de Compostela, niños pijas desaparecidas, guardias civiles, historias trágicas y/o tristes, el CNI y alcohol, mucho alcohol.
"-Llegas con tres décimas de segundo de retraso -le dije-. ¿Has calculado mal la resistencia del aire?
Gualtrapa me miró sin sonreír. Nunca agradecía un chiste. Consideraba el humor una pérdida de tiempo, un derroche de inteligencia, concentración y saliva".
Lo que más destaca son los momentos a lo Marlowe o Spade con sentencias absolutas, bañadas por el sentimiento triste del oscuro sentido de la vida.
"No terminó la frase. No era necesario. La felicidad es difícil de describir. La infelicidad basta con balbucearla".
Los diálogos son ágiles y contundentes. La historia atrapa. Se van sucediendo los cadáveres en una Galicia tomada por el narco. Mientras, un fotógrafo, Carlos Ovelar, ex agente del CNI 'La Casa', al que no le gusta lo de inteligencia y prefiere la palabra información, un ricachón, casado con su exmujer, le encarga buscar a su hija Ania, de 18 años de edad.
"Ofelia vivía en un apartamento en Malasaña, vistas al mar de Madrid, borrachos, putas, yonquis y tatuadores, calistos de chirla fácil y cara marcada, agua contaminada en tuberías de plomo, niñas de derechas con bragas de izquierdas, abstractos de humedad y verdín en las paredes, tullidos con esas amputaciones imposibles que solo se ven en Madrid, vendedores de lotería y rubio americano, bohemia que solo unos años más tarde florecería de movida y pela sociata. Había rockeros que nunca llegarían a nada y aspirantes a bailarina que acabarían de putas".
A partir de aquí se sucederán los crímenes y el ambiente sórdido en una historia en la que es difícil distinguir a los buenos de los malos. Donde hay demasiado perdedor, violencia en exceso y mucha falsedad.
Un libro muy bueno. Imprescindible para los amantes de la novela negra más oscura, profunda y trágica. Hasta el 23F tiene una parte adjudicada en las sucias manos de los chicos de Castellana, 5.
-No te líes. La gente no mata por dinero ni por poder. Son excusas. detrás de cada muerto siempre hay un coño o un culo. Por eso casi siempre los asesinos tienen polla."
'Ala de mosca' es una novela negra, negrísima. En la línea de las más clásicas de Juan Madrid. Está hecha sin concesiones y su protagonista es un perdedor. El final no es apto para amigos de Walt Disney.
"-No me sobreestimes -respondió-. Siempre sobreestimas a la gente, y por eso fracasas. Sobreestimar al enemigo es más peligroso incluso que subestimarlo -se metió un trago directamente de la botella-. Bien, con los amigos pasa lo mismo".
Mezcla a los narcos gallegos, con ricos de Compostela, niños pijas desaparecidas, guardias civiles, historias trágicas y/o tristes, el CNI y alcohol, mucho alcohol.
"-Llegas con tres décimas de segundo de retraso -le dije-. ¿Has calculado mal la resistencia del aire?
Gualtrapa me miró sin sonreír. Nunca agradecía un chiste. Consideraba el humor una pérdida de tiempo, un derroche de inteligencia, concentración y saliva".
Lo que más destaca son los momentos a lo Marlowe o Spade con sentencias absolutas, bañadas por el sentimiento triste del oscuro sentido de la vida.
"No terminó la frase. No era necesario. La felicidad es difícil de describir. La infelicidad basta con balbucearla".
Los diálogos son ágiles y contundentes. La historia atrapa. Se van sucediendo los cadáveres en una Galicia tomada por el narco. Mientras, un fotógrafo, Carlos Ovelar, ex agente del CNI 'La Casa', al que no le gusta lo de inteligencia y prefiere la palabra información, un ricachón, casado con su exmujer, le encarga buscar a su hija Ania, de 18 años de edad.
"Ofelia vivía en un apartamento en Malasaña, vistas al mar de Madrid, borrachos, putas, yonquis y tatuadores, calistos de chirla fácil y cara marcada, agua contaminada en tuberías de plomo, niñas de derechas con bragas de izquierdas, abstractos de humedad y verdín en las paredes, tullidos con esas amputaciones imposibles que solo se ven en Madrid, vendedores de lotería y rubio americano, bohemia que solo unos años más tarde florecería de movida y pela sociata. Había rockeros que nunca llegarían a nada y aspirantes a bailarina que acabarían de putas".
A partir de aquí se sucederán los crímenes y el ambiente sórdido en una historia en la que es difícil distinguir a los buenos de los malos. Donde hay demasiado perdedor, violencia en exceso y mucha falsedad.
Un libro muy bueno. Imprescindible para los amantes de la novela negra más oscura, profunda y trágica. Hasta el 23F tiene una parte adjudicada en las sucias manos de los chicos de Castellana, 5.
sábado, 21 de febrero de 2015
'Chourmo', de Jean-Claude Izzo: sabor a novela negra de cinco estrellas
'Chourmo', de Jean-Claude Izzo, es una auténtica novela negra clásica, con aroma a las mejores obras de Hammett, Chandler, MacDonald o William MacIlvanney.
Aunque el estilo de su protagonista, el expolicía Fabio Montale, hijo de italiano, nacido en Marsella, es comparable a Pepe Carvalho, del maestro Manuel Vázquez-Montalbán, o a Salvo Montalbano, del más que maestro Andrea Camilleri.
En sus libros sobre Montale, Izzo, hijo a su vez de italiano y española, toma Marsella, su cocina y bebida como otro de los protagonistas principales. A pesar de que la trama se desarrolla a mediados de los años 90, surge el aroma a la tradicional novela negra estadounidense de Jim Thompson y los oscuros años 20 y 30. No en vano, podría ser una adaptación de 'Cosecha roja'.
La mafia, los integristas islámicos, el lumpen marselles, la droga, los gitanos, los policías corruptos y un descreído, a la vez que tierno e implacable Montale, hacen las delicias de los verdaderos amantes de la serie negra con más solera.
Una delicia para los siete sentidos, un golpe al corazón, un hachazo a los sentimientos y un canto a la pureza y a la dignidad. Todo ello entre un saco de basura y unos espacios infectos dominadas por lo más bajo de la ralea humana. Gloriosa obra.
Aunque el estilo de su protagonista, el expolicía Fabio Montale, hijo de italiano, nacido en Marsella, es comparable a Pepe Carvalho, del maestro Manuel Vázquez-Montalbán, o a Salvo Montalbano, del más que maestro Andrea Camilleri.
En sus libros sobre Montale, Izzo, hijo a su vez de italiano y española, toma Marsella, su cocina y bebida como otro de los protagonistas principales. A pesar de que la trama se desarrolla a mediados de los años 90, surge el aroma a la tradicional novela negra estadounidense de Jim Thompson y los oscuros años 20 y 30. No en vano, podría ser una adaptación de 'Cosecha roja'.
La mafia, los integristas islámicos, el lumpen marselles, la droga, los gitanos, los policías corruptos y un descreído, a la vez que tierno e implacable Montale, hacen las delicias de los verdaderos amantes de la serie negra con más solera.
Una delicia para los siete sentidos, un golpe al corazón, un hachazo a los sentimientos y un canto a la pureza y a la dignidad. Todo ello entre un saco de basura y unos espacios infectos dominadas por lo más bajo de la ralea humana. Gloriosa obra.
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